Negocios y democracia

Los gobiernos de Argentina y Bolivia no representan a la mayoría democrática de América Latina y el Caribe. Al colocar en la balanza las dificultades y la conveniencia de una estrecha relación entre España y el subcontinente, el fiel se inclina hacia la inversión y consolidación de las relaciones. Los negocios reúnen  requisitos para fortalecer la economía española y la institucionalidad latinoamericana.

por Alejandro Arratia

En los días  del expolio de Cristina Fernández contra Repsol, el Presidente de España tuvo oportunos encuentros con sus pares de México y Colombia, de ellos recibió respaldos claros y rotundos. Luego, el 1º de mayo, Evo Morales expropió las acciones de Red Eléctrica Española (REE) en Bolivia, una acción que en nada disminuyó el contenido de los discursos del  Jefe de Estado mexicano, Felipe Calderón que, en el “Foro Económico Mundial sobre América Latina“, había expresado: “las coordenadas del progreso y del crecimiento pasan por la integración, la libertad económica y la certidumbre jurídica, y no por el estatismo ni el proteccionismo”.  En el mismo tono, Juan Manuel Santos, en el “Foro de Inversiones y Cooperación Empresarial España-Colombia”, dijo que en su país se cumplen las reglas del juego, y enfatizó: “aquí no expropiamos, presidente Rajoy”.

No es retórica casual. Frases sinceras del mismo contenido oiríamos de las autoridades de Chile, Perú, Brasil, Panamá, Costa Rica o República Dominicana.  En el siglo XXI, la democracia es la característica determinante de América Latina. La región aprendió la lección tras decenios sirviendo de conejillo para propios y extraños, con una carga de deudas externas impagables, inflación de cuatro dígitos, “décadas perdidas” y dictaduras;  suficiente para huir conscientemente  del laboratorio de teorías que sustentan el desarrollo en la capacidad redentora del Estado y comenzar a transitar, sin fundamentalismo,  el camino de la apertura económica, las políticas de mercado, la reducción de la pobreza y la calidad de vida. Las  cifras elocuentes de crecimiento en años de estancamiento mundial, la alternabilidad electoral y la continuidad de los regímenes representativos, sostienen estas afirmaciones.

La situación abona en favor de una conocida certeza: las grandes empresas españolas necesitan crecer en América Latina aprovechando las ventajas culturales. A los inversores les conviene  tomar en consideración los riesgos políticos del presente (agresión a Repsol y a la REE), y los predecibles (Venezuela y países del ALBA); deberán también evaluar la madurez de los procesos democráticos mayoritarios en la región.

El valor internacional de la lengua, los vínculos étnicos, los lazos históricos son conceptos que se deben rescatar sin complejos ni velos  ideológicos y volver a sus contenidos intrínsecos para utilizar esa robustez en la sociedad globalizada. La dictadura de los Castros y sus satélites no pueden marcar la agenda de España. Reiteramos, es preciso indagar sobre las transformaciones que se han producido en América Latina en los últimos tres lustros: cuál es la naturaleza de los cambios, qué caracteriza  el pensamiento de los líderes, cómo los países de América Latina  -salvedad y diferencias originadas en  fortalezas,  estructuras y políticas económicas- emergieron vigorosos del tsunami financiero que aún azota a las naciones industrializadas, por qué no sufrieron los efectos de la crisis declarada “oficialmente” con la quiebra de Lehman Brothers (2008). La respuesta está a la vista: habían hecho a tiempo las tareas tendentes a la modernización de la economía y la institucionalidad. Ni el azar ni la casualidad determinaron la solvencia latinoamericana; el mérito es de las elites políticas y empresariales que actuaron decididas a superar las nefastas experiencias del siglo pasado.

Solo las democracias representativas fuertes y con legitimidad pueden dar verdaderas garantías jurídicas. Al colocar en la balanza las dificultades y la conveniencia de una estrecha relación entre España y América Latina, no cabe duda de que el fiel se inclina hacia la inversión, los intercambios,  la consolidación de una relación innovadora, técnica y productiva.  Los negocios reúnen  requisitos para  animar y respaldar la economía española y la institucionalidad latinoamericana.

De los libros

“La mejora de la política económica jugó un papel fundamental en el reciente éxito relativo de la región, que está respaldado por un consenso social mucho más amplio en torno a la importancia de la estabilidad macroeconómica. De hecho, en muchos países la transferencia democrática de poder entre gobiernos electos de distinta orientación política no ha alterado la prudencia macroeconómica. Al mismo tiempo, gracias a las condiciones externas generalmente favorables vigentes durante gran parte de la última década, resultó más fácil contener los déficits fiscales. El fortalecimiento de las políticas macroeconómicas se tradujo en una nueva capacidad de resistencia. La región salió relativamente ilesa de la crisis económica internacional de 2008–09. Tras sufrir una fuerte contracción a fines de 2008, el producto había repuntado para mediados de 2009 en muchos países (…). La mejora de las finanzas publicas, la reducción de la deuda externa, el aumento de las reservas internacionales, la flexibilización de los tipos de cambio y la adopción de una regulación y supervisión financiera más estricta en los años previos a la crisis internacional contribuyeron mucho a limitar su impacto en la región.

Esto sucedió en parte porque América Latina no tuvo que enfrentar problemas propios: a diferencia de shocks internacionales como los ocurridos en 1982, 1998 y 2001, la región se encontraba en una posición mas solida para poder contrarrestar los efectos de la recesión mundial (…). ”

Nicolás Eyzaguirre. Director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional. Finanzas & Desarrollo. Marzo de 2011, Entrada 18 de mayo de 2012.

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