Los goles de Cardoso

La economía y los dirigentes políticos brasileros están de moda, pero la enseñanza sería banal si no se recordara la secuencia de los hechos y sus actores principales. Buena ocasión los 81 años de Fernando Henrique Cardoso (Río de Janeiro, 18 de junio 1931), para un justo homenaje al estadista, dos veces Presidente, que marcó el rumbo de la modernización del Brasil.

 por Alejandro Arratia

La economía brasileña y los dirigentes políticos de Brasil están de moda. Reconocimientos  merecidos.  En hora buena por ellos, también por América Latina y el Caribe, que de norte a sur –con deplorables excepciones- obtienen excelentes resultados de sus políticas económicas y sociales. La enseñanza del Brasil sería banal, si no se recordara la secuencia de los hechos y sus actores principales. Viene al caso un poco de historia para celebrar con seis modestos párrafos los 81 años de Fernando Henrique Cardoso (Río de Janeiro, 18 de junio 1931). El científico social, coautor de Dependencia y desarrollo en América Latina (1969), un pequeño libro que fue objeto de culto. El estadista, dos veces Presidente (01/01/1995-01/01/2003).

FHC, Ministro de Hacienda (20/05/1993-30/03/1994), puso en ejecución el Plan Real, programa de acción inmediata para atender los graves problemas de la población; con una segunda parte dirigida a unificar los diversos mecanismos cambiarios y el funcionamiento de una moneda paralela. El 01/07/1994 implantó el REAL (R$), unidad monetaria paritaria con el dólar (cambio fijo), y la decisión simultánea de bloquear los salarios. En 1994 los precios crecían a un ritmo del 40% mensual y la hiperinflación estimada, 2086% con referencia a 1993, quedó corta: fue de 2312%. Pese a lo desmesurado de las cifras, en 1995 la economía creció 4%, aumentaron significativamente las reservas de divisas y las inversiones extranjeras.  La inflación se redujo al 28%, la más baja desde 1957.

            Un plan de ortodoxia liberal y protagonismo del Estado. En los programas de asistencia social destacaron por sus resultados las políticas contra la mortalidad infantil y contra el SIDA. El período resistió las turbulencias financieras y bursátiles de América Latina en 1998; así como las crisis rusa y asiática. Lo afectó una enorme fuga de divisas superior a los ingresos recibidos por las privatizaciones. La huida de capitales  y el despido de funcionarios por la modernización del aparato burocrático incidieron en el crecimiento de la tasa de  desempleo: de 5,66% en 1997 a 8,18 marzo 1998. Números del desempleo declarado en las principales ciudades, pues no registró subempleo, empleo precario u ocasional y oculto.  También el aumento del impuesto sobre la renta tuvo influencia en el encarecimiento de los productos de primera necesidad. En 1999 el R$ pasó a cambio flotante.

             La segunda vez que FHC se presentó como candidato a la presidencia ganó en la primera vuelta con un holgado 53%. Recibió apoyo necesario para culminar las  reformas estructurales de la economía con el objetivo de prepararla para los retos de la globalización, haciéndola más competitiva y más abierta, manteniendo el rigor presupuestario.

            Identificar el período sólo por logros macroeconómicos es insuficiente y distorsiona la imagen del proceso modernizador finisecular transitado por la sociedad brasilera. Desde la abolición de la esclavitud (13/05/1888), Brasil pasó por formas democráticas, populistas y dictatoriales. El golpe de estado de 1964 entregó sucesivamente el mando de la nación a cinco generales. A finales de los años setenta el flagrante fracaso los convenció de abdicar en favor de la  democracia, en una apertura “lenta, gradual y segura”.

                   La inestabilidad política, social y económica siguió su curso hasta que FHC señaló el rumbo a los grupos dirigentes del país y conquistó la confianza popular para consolidar el Estado. Lo fundamental en la explicación del actual éxito brasileño es reconocer la presencia de elites y partidos políticos comprometidos por décadas con la estabilidad democrática y el fortalecimiento de las instituciones; en ese contexto fue decisiva la continuidad de las políticas macroeconómicas y de protección a los más desfavorecidos, cuya definición y ejecución se inició en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso.

Ojear y escuchar.

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De los libros.

…Hacia 2001, el Estado brasileño se había desprendido de 119 empresas por un total de 67,9 mil millones de dólares de ingresos y 18,1 mil millones de dólares de deuda transferidas.

Cuando Cardoso ganó la presidencia en 1994, solo habían sido privatizadas 31 empresas, aunque la lista incluía la Compañía Siderúrgica Nacional, símbolo del estatismo brasileño. Cardoso insufló nuevos bríos a la privatización: hacia 1996, había subastado otras 20 entidades, con lo que el número total de empresas vendidas a lo largo de la década subió a más de 50, por un total de casi 25 mil millones de dólares. En los años siguientes el Estado ingresó otros 40 mil millones a través de la venta de grandes entidades, empezando por la minería Vale do Río Doce, cuyo traspaso se convirtió en la mayor privatización de América Latina luego de que la adquiriese una corporación brasileña al precio de 3,6 mil millones e dólares. Esa suma, sin embargo, quedó reducida a proporciones liliputienses en 1998 con la transferencia de Telecomunicaçoes Brasileiras S.A. (Telebrás) por 18,96 mil millones de dólares, a diversos consorcios extranjeros.

Telebrás era una empresa estatal descapitalizada y burocrática de 14 mil millones de dólares anuales, cuyas 28 filiales operativas empleaban a 90.000 personas y proveían un servicio paupérrimo (15 millones de personas estaban en lista de espera para obtener una línea fija y 5 millones para conseguir teléfonos celulares)”

Álvaro Vargas Llosa (2004): Rumbo a la libertad (¿Por qué a izquierda y el “neoliberalismo” fracasan en América Latina?) pp. 231-232. Planeta. Buenos Aires.

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