Bienvenida la democracia imperfecta

La campaña de miedo al PRI falseó el relato del proceso modernizador mexicano. Otros son los enemigos internos de la democracia: la inseguridad, la pobreza, el desempleo, la informalidad, la precaria seguridad social y el liderazgo populista de López Obrador.

por Alejandro Arratia

La campaña de miedo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) falseó el relato del proceso modernizador mexicano, colocando en el centro del debate la amenaza de regreso al pasado. Otros son los enemigos internos de la democracia, enumeremos. La inseguridad. La confrontación con los carteles de la droga y los grupos del crimen organizado, que ha dejado 50000 muertos y gruesos sectores de la población en desacuerdo con la estrategia oficial. La pobreza superior al 40%. El desempleo, la informalidad y la precaria seguridad social. Por último, pero no menos importante, el riesgo que representa el liderazgo populista de López Obrador.


Setenta años de “dictadura perfecta” (Vargas Llosa, dixit) finalizaron en el 2000 con el triunfo del PAN y el primer presidente electo mediante irreprochables procedimientos democráticos. Los mexicanos por fin conocieron la alternancia en el poder y comenzaron el siglo XXI con la cosecha del complejo proceso de transición política y modernización económica iniciado por los renovadores del PRI, el mismo partido que tenía 71 años ininterrumpidos de gobierno.

El modelo de autoritarismo civil se había agotado y en las condiciones impuestas por la mundialización (economía abierta e instituciones supra nacionales de control político y derechos humanos) las elites mexicanas diseñaron e instrumentaron la “democracia representativa imperfecta”, esa que diariamente es exigida por los ciudadanos, que ni busca ni alcanza estados ideales.

La voluntad de cambio impulsó políticas y diseño de organismos públicos. Ejemplos relevantes lo constituyen, uno, la creación del Instituto Federal Electoral (1990), ente autónomo responsable de organizar las elecciones federales, decisión trascendente en un país mundialmente famoso por la práctica del fraude electoral y la corrupción; dos, el Tratado de Libre comercio de América del Norte (1994), con el que México avanzó en firme hacia la apertura comercial. Al refrendar el Tratado con Estados Unidos y Canadá, el presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) dio un paso audaz en la historia de una nación marcada por los desacuerdos y recelos frente al “coloso del norte”. Enrique Krauze comenta que, al terminar el siglo XX, el consenso era favorable por las ventajas de modernización que había provocado en el aparato industrial y agrícola, y más aún porque relevó al Estado de muchas de sus ineficientes y onerosas responsabilidades como ‘rector de la economía’, “el TLC contribuyó de forma decisiva a liberar a la sociedad en términos políticos”.

Por el camino aquí apenas esbozado, difícil y creativo, no exento de errores y violencia, llegaron los mexicanos a las normales elecciones del 2012. Para continuar sustituyendo regularmente y en paz a los gobernantes del país, el recién electo Presidente Enrique Peña Nieto, el PRI, el PAN, las elites políticas y de la sociedad civil tienen que responder sin dilación las demandas de los más necesitados enfrentando con firmeza a los verdaderos enemigos internos de la democracia.

De los libros

LA IZQUIERDA HA DOMINADO EL DEBATE DE IDEAS EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS. Sobre todo, porque ha ganado la batalla de  la imagen, y eso ha ocurrido en la mayor parte de los países occidentales. Las ideas de la izquierda han tenido mejor imagen que las ideas de la derecha. La siguen teniendo. Ni siquiera la realidad de unas dictaduras comunistas que fueron  más asesinas que las nazi y fascista hizo mella en esa hegemonía. Tampoco lo han hecho los múltiples terrorismos inspirados en la izquierda. Y no está claro que lo vaya a hacer la actual crisis del socialismo.

El triunfo del concepto de progresismo es bien representativo de esa superioridad de imagen de una izquierda que ha conseguido imponer el mensaje de que sus ideas son positivas, transformadoras y generadoras de progreso. La misma izquierda ha difundido, también con notable éxito, un segundo mensaje según el cual las ideas de la derecha serían reaccionarias, o, lo que es lo mismo negativas y contrarias al progreso.”


Edurne Uriarte (2012): DESMONTANDO EL PROGRESISMO. pp. 13-14. Fundación FAES. Madrid

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