Democracia y Fuerzas Armadas (1)

El 23 de Enero 1958 se produjo un golpe de Estado de la institución armada en su conjunto. La Junta de Gobierno dijo: nuestro cometido es enrumbar al país “hacia un estado democrático de derecho”. En febrero (1959) se instaló el gobierno electo. Civiles y militares derrocaron la dictadura, razón suficiente para que el prestigio y el aprecio a los hombres de uniforme se mantuviera incólume por casi cuatro décadas. Hoy, en el presente deslindado por los resultados electorales del 6 de diciembre, convive la ilusión con actitudes comedidas y prudentes; pero con la evidencia de que las FAN fueron la garantía del respeto a los escrutinios.

Por Alejandro Arratia

Cayó MPJJúbilo, entusiasmo, alborozo, satisfacción, confianza en el futuro, expectativas y esperanzas. Faltan adjetivos para describir la última semana de enero 1958. Lunes 20, sin prensa; era el aviso de huelga general. Martes 21, a las 12 repicaron las campanas de las iglesias y las bocinas de los vehículos. En la capital comercios y empresas cerraron sus puertas. Caos en la circulación automotor. Los autobuses detuvieron su marcha voluntariamente o por la fuerza. Piquetes de agitación, manifestaciones, incendios, disparos, sirenas de ambulancias y bomberos. El “toque de queda”. Miércoles 22, la ciudad desierta, movilizaciones en la periferia. Marcos Pérez Jiménez (MPJ) reprime e intenta negociar hasta el último momento. La marina y las fuerzas de la guarnición de Caracas se sublevaron.

Wolfgang LarrazabalEn la tarde del miércoles 22, fuego cruzado entre los atacantes situados en los alrededor del Palacio de Miraflores y las defensas del gobierno. El Contraalmirante Wolfgang Larrazabal Ugueto advierte a MPJ que debe abandonar el país. En la Escuela Militar un comando de oficiales de las diferentes fuerzas y con diversas posiciones, discutía la situación. La huelga general no cede, continuaba firme, transcurrían dos días de sangrienta luchas callejeras que dejaron un saldo superior a 300 muertos y más de 1000 heridos. Jueves 23, a la una de la madrugada queda constituida la Junta Militar de Gobierno (JMG). A las tres el dictador aceptó la derrota y huyó. Viernes 24, en menos de 24 horas, la protesta masiva sacó de la JMG a los dos coroneles perejimenistas.

MarinosEl 23 de enero se produjo un golpe de Estado de la institución en su conjunto, los desgajamientos y ajustes posteriores reflejaron las divergencias anidadas en los años de dictadura. La JMG en el comunicado de constitución anunció que su cometido era enrumbar al país “hacia un estado democrático de derecho”. La Junta se reorganizó con dos representantes civiles y en menos de un año cumplió su palabra: en diciembre de 1958 elecciones libres y en febrero de 1959 se instaló el gobierno electo. Durante cuatro décadas las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) fueron uno de los pilares fundamentales del mantenimiento de la democracia; la institución sirvió a todos los venezolanos sin distingos partidistas, raciales o de clases sociales; vivieron la etapa más prolongada de estabilidad, modernización y bienestar de su historia.

Carta Pastoral MABMPJ se vanagloriaba de gobernar a nombre de las Fuerzas Armadas y, hasta donde fue posible, las utilizó como guardia pretoriana. Progresivamente la camarilla gobernante se alejó del ejército; la represión y la corrupción eran una afrenta. Las divergencias se hicieron irreconciliables, en defensa del honor de la institución y de la libertad de los venezolanos, surgieron y se multiplicaron los grupos de conspiración. Fuera de los cuarteles (mayo 1957), la Iglesia Católica había sonado la alarma; los partidos se unificaron en la “Junta Patriótica”; la sociedad civil (ingenieros, médicos, periodistas, educadores, abogados, estudiantes…) protestaba con arrojo. En los últimos meses de aquel año, todos los movimientos convergieron en el propósito de conquistar la democracia.

Pto CabelloCiviles y militares derrocaron la dictadura, razón suficiente para que el prestigio y el aprecio a los hombres de uniforme se mantuviera incólume por casi cuarenta años. Cuando la descomposición del sistema penetró todas las instituciones -los altos mandos no fueron una excepción- los intentos de golpe de Estado, repudiados y desaparecidos de la política nacional, emergieron con discursos demagógicos usurpando el crédito y la autoridad de las FAN. La crisis conmovió al país, las escalas de valores se alteraron, reinó la confusión. Por la vía electoral los golpistas lograron el poder y se entregaron en cuerpo y alma a los hermanos Castro Ruz. Impensable mayor ignominia a la sangre derramada por los soldados que, en los años sesenta, habían resistido los intentos cubanos de conquistar a Venezuela.

Nº Asamblea NacionalRegresemos al 23 de enero de hace ya 58 años. La descripción de aquellos momentos será siempre insuficiente para trasmitir la efervescencia de esos días que conmovieron a Venezuela. Hoy, en el presente deslindado por los resultados electorales del 06 de diciembre, convive la ilusión con actitudes comedidas y prudentes. Sin embargo, tres evidencias trasmiten optimismo: por fin la política democrática ha sido bien conducida; la mayoría de la población desea un cambio verdadero; las Fuerzas Armadas fueron la garantía del respeto a los resultados electorales, con lo cual demostraron disposición a defender la constitución y rechazar la violencia oficialista. Es justificable la expectativa; deberíamos, en consecuencia, continuar conversando acerca de las FAN.

De los libros

<<En la mayoría de los países (fuera de las dictaduras ideológicas), las autoridades militares se esfuerzan por impedir que sus fuerzas armadas se afilien a partidos políticos. Las razones son evidentes: las fuerzas armadas tienen que prestar servicio a una sucesión de ministros y gobiernos, y su neutralidad es condición imprescindible para ello; los miembros afiliados a partidos políticos podrían ser separados de sus puestos militares por el hecho de instalarse en el poder un partido hostil, con grave perjuicio para la disciplina y el adiestramiento; las disputas por cuestiones partidarias dentro de una fuerza podrían debilitar su eficacia al quebrantar su esprit de corps esmeradamente fomentado; y de todas maneras, la autoridad moral de los militares se destaca al máximo en virtud del argumento […] de que “vive apartado de la política […] como prenda del orden público y de la seguridad nacional”. Por todo esto, las autoridades militares se han visto a veces en figurillas para impedir que sus fuerzas entren en componendas con los partidos políticos. El alto mando japonés trato en vano de evitar que los oficiales jóvenes ingresasen en sociedades patrióticas; el alto mando alemán […] no pudo hacer frente a la infiltración nazi; los oficiales del ejército sirio estaban vinculados con el partido Ba’ath en 1957; los oficiales de Iraq intrigaron continuamente, en el período 1936-1941, con los partidos políticos, si así pueden ser calificados los grupos que se formaban continuamente en torno a ciertas personalidades predominantes en el Parlamento de la nación>> (pp.50-51)
Samuel Edward Finer (1969): Los militares en la política mundial. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, Argentina.
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