La sombra de los Castro en Iberoamérica

por | 18/10/2013

El despotismo contemporáneo antecede históricamente a los autoritarismos comunistas o fascistas; en América Latina y el Caribe, los cubanos solo lo han refinado y puesto a tono para resolver el problema de injertar el poder autoritario  en sociedades  con  instituciones democráticas establecidas.

por Gustavo Portillo

“El primer derecho del hombre en una sociedad civilizada
es el de estar protegido contra las consecuencias de su propia necedad”.
Edmund Burke

El despotismo del siglo XXI se propone menos violentar a los hombres que incapacitarlos; no tanto atacar sus pasiones políticas como sustituirlas; poco combatir sus instintos sino distorsionarlos; no proscribir sus ideas pero  trastrocarlas. El despotismo contemporáneo no es originario de los autoritarismos comunistas o fascistas, históricamente les antecede, está en los métodos de poder personal utilizados por Napoleón III y, en América Latina y el Caribe, los cubanos solo lo han refinado y puesto a tono.

La relación entre el gobierno venezolano y el cubano comienza en 1999 cuando el presidente electo, Tcnel. Hugo Chávez  Frías, visita la Habana. El visitante hacía gala del archiconocido  discurso ideológico de cartillita, el encuentro con Fidel Castro fue fulminante, mostró capacidad de subyugar. Le habló de la utopía del comunismo, de la felicidad y sobre todo del poder para  mantener la utopía. El teniente coronel  se obnubiló y en adelante las lecciones del comandante fueron cada vez más concretas.

La implosión de la URSS  y el desmembramiento del imperio soviético imponían  al régimen cubano la búsqueda desesperada de otra fuente externa de sostenimiento, y la encontraron gratis, sin mayores esfuerzos, en los inmensos recursos petroleros de Venezuela. Por otra parte, el teniente coronel y sus seguidores descubrieron en la Habana una categoría novedosa adecuada a las condiciones políticas mundiales de comienzos del siglo XXI: el modelo para una revolución con los métodos despóticos contemporáneos.

¿El problema? Injertar el poder autoritario  en una sociedad  con cuarenta años  de instituciones democráticas. Un estilo político que difiriera en esencia de la  democracia representativa, y en las apariencias de la dictadura brutal. Monitoreado por los Castro, parieron el “Comunismo del siglo XXI”: Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, relativamente, Argentina; son viva expresión de los limitados pero nefastos resultados del proyecto, que sigue enturbiando las relaciones políticas y económicas iberoamericanas.

Estos comunistas multiplican las declaraciones progresistas sobre política exterior con el objeto de ejercer más fácilmente la opresión interna.  Fronteras adentro  las aspiraciones de cambio  sufren amenazas, miedo a la anarquía,   la violencia y  temor al desorden. Diariamente  revisan la historia; a las estatizaciones de empresas las cubre la reivindicación de un mítico pasado indígena y la destrucción de los símbolos del colonialismo.

La operación supone contar con el apoyo popular, por ello manipulan la propaganda. El ciudadano privado de información debe sentir cada vez menos necesidad de ella y hundirse en la ideología.  Lo que caracteriza a la dictadura es la mentira y la concentración de poderes, el triunfo de la arbitrariedad sobre el respeto a las instituciones. El cesarismo de nuestros días luce el ropaje del sistema democrático y  burdamente enmascarado reduce sus adversarios a la impotencia.

Los regímenes despóticos ponen todo su empeño en envolver la confiscación del poder con la fraseología de paz y progreso; por tanto, la técnica de manipulación juega un papel fundamental. El totalitarismo pretende hacer de cada ciudadano un militante. La sumisión no le basta, exige el fervor. La diferencia entre un régimen simplemente autoritario y uno totalitario está en que el primero quiere que no se le ataque  y, el segundo, considera un ataque todo lo que no es un elogio.

La palabra juega un papel central. Uno de los pilares del despotismo contemporáneo es la sub información para generar  confusión. Sustituir una noticia que afecta al gobierno por otra que lo dignifica, un retorno del efecto sobre la causa: cuanto mayor es la confusión menos la perciben los ciudadanos. Estas son las orientaciones del gobierno cubano para mantener su predominio político y económico sobre  Iberoamérica. El arte de oprimir consiste en saber cuál es el umbral que no conviene trasponer.

De los libros

“Los movimientos totalitarios son organizaciones  de masas de individuos atomizados y aislados. En comparación con todos los demás partidos y movimientos, su más conspicua característica externa es su exigencia de una lealtad total, irrestringida, incondicional e inalterable del miembro individual. Esta exigencia es formulada por los dirigentes de los  movimientos totalitarios incluso antes de la llegada al poder. Precede usualmente a la organización total del país bajo su dominio y se deduce de la afirmación de sus ideologías de que su organización abarcará a su debido tiempo a toda la raza humana”

Hannah Arendt (2004): Los orígenes del totalitarismo. Santillana. México. p. 405

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