Iberoamérica, debilidades y fortalezas

Vamos a dejarnos llevar por la corriente de balances y pronósticos de los eneros. En el 2014, una fortaleza en Latinoamérica y el Caribe es el progreso de la democracia con grados diferentes de democraticidad. Una debilidad, la sobrevivencia del comunismo de los Castro y el bolivarianismo. Fortalezas considerables: el comienzo de la reactivación económica en España y la Alianza del Pacífico.

por Alejandro Arratia

Un nuevo año, el inicio de una década, de una centuria y hasta de un milenio es motivo suficiente para balances, análisis y pronósticos. Vamos a dejarnos llevar por la corriente con la pretensión de aportar una opinión a la discusión casi privada de los seguidores de Iberoamericanos.  Razonamos sobre la situación socio-política de los trece años precedentes y las perspectivas en el corto horizonte de los siete que faltan para cubrir las dos primeras décadas del siglo XXI.

Economía América LatinaEs un lugar común compartido celebrar el avance         cuantitativo de la  libertad en Latinoamérica, la dificultad suele presentarse en la discusión de si los gobiernos   responden a las características de la sociedad abierta. Vale reiterar  que analizamos situaciones dinámicas, donde priva la adaptación de los principios a las exigencias de la  realidad. Entonces debemos preguntar, ¿cuánta democracia existe en un momento determinado? y no confundir elecciones con el sustantivo ni defectos e insuficiencias con dictadura.

En el conjunto de naciones que ubicamos en el lado de las fortalezas, participan Chile y Honduras; Paraguay y Costa Rica; Colombia y Guatemala, ejemplos de pares disímiles  de la  mayoritaria y conocida lista en la que priva el atributo “democrático”. Una debilidad la constituyen los regímenes autoritarios, minoría encabezada por los hermanos Castro y el comunismo bolivariano. El grupo quedó circunscrito a Venezuela, Nicaragua, ¿Ecuador? y Bolivia; e irradia sus influencias al Caribe y a dirigentes  de idiosincrasia ultraizquierdista.

Otra fortaleza, las economías de México, Colombia, Chile y Perú que construyeron desde el 28 de abril 2011, la Alianza del Pacífico. Un área de integración convertida en plataforma de articulación política, económica y comercial de proyección al mundo, con especial énfasis en Asia-Pacífico. La Alianza totaliza una población de 209 millones, con un PIB per cápita de 10 mil USD (promedio) y una fuerza de trabajo calificada. Es un mercado atractivo, con poder adquisitivo en constante crecimiento; un PIB de 2.0 billones de dólares que  representa 35% del producto de América Latina. En conjunto, las economías de los países de la Alianza ocupan el octavo sitio a nivel mundial.

Brasil suma al campo de las fortalezas. Vivió el sueño del éxito: menos pobres, más riqueza, menos desigualdad;   hasta que  en las principales ciudades los gritos de la calle nos despertaron. Los jóvenes se movilizaron por servicios públicos dignos, educación moderna, seguridad, empleos de calidad, gobierno eficiente y decente. Está agotado el estilo caudillista de conducir la política y gestionar la economía, pero permanecen los inmensos recursos naturales, las inversiones y la gente de ese gran país.

Lamentablemente no podemos comentar con optimismo la situación de Argentina. Una gran nación que desde la década del cuarenta del siglo pasado se encuentra en la columna del debe en el subcontinente y nuestra bola de cristal no ve en el corto horizonte de estas especulaciones posibilidades de cambios significativos. Somos pesimistas porque el problema no se reduce a la salida de la señora Kirchner, sino a ese trágico fenómeno socio político que es el peronismo.

Bandera de EspañaEspaña. Es hora de recordar algo de lo que se pontificó en esta crisis. Incluso quienes entendieron las razones  para acudir al rescate de los bancos, subrayaron que el país estaba al borde de un “bucle de desgracias”.  Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, dijo: “está quedando cada vez más claro que hará falta una catástrofe sin paliativos para que haya alguna acción política real que vaya más allá de los rescates bancarios. Pero no desesperen: al paso al que van las cosas, especialmente en Europa, la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina”   [11 de junio 2012. (c) New York Times Service 2012].

Los pronósticos oposicionistas, “España saldrá del euro” o “Las medidas de Rajoy aumentan el desempleo” ocuparon lugar privilegiado. “Análisis” ahora sepultados por el comienzo de la reactivación económica. El desempleo se redujo en 107.500 personas en diciembre y bajó en el 2013 por primera vez en seis años. No es todavía la salida de la crisis, es sólo una señal firme de que se ha acertado en las políticas.  Falta impulsar el crecimiento y crear empleo; y para ello, el gobierno tiene políticas definidas.

En estos pocos párrafos está muy lejos la osadía de un balance exhaustivo. Ignoramos el procedimiento de enumerar lo bueno y lo malo, país por país. Todos conocemos las grandes e inocultables dificultades: violencia, drogas, desempleo y desigualdad… Mitos nunca superados, acecho ultraizquierdista, nacionalismo… y pare de contar; pero hay fundamentos para pensar que las perspectivas económico-sociales del universo iberoamericano, en lo que resta de la segunda década del siglo XX, son  positivas.

De los libros

“Con excepción de Cuba, América Latina parecía, así, caminar irreversiblemente hacia la democracia. El proceso no era en modo alguno inesperable. Después de todo, la filosofía política fundacional de toda América Latina tras la independencia a principios del siglo XIX fue el republicanismo presidencialista.  A pesar de graves desequilibrios –desigualdades sociales,  bolsas de pobreza, marginalidad de poblaciones indígenas, emigración a Estados Unidos (de México, Centro América y el Caribe)- y de crisis económicas recurrentes (como el derrumbe de la economía Argentina en 1999-2002, que provocó el relevo de cinco presidentes en cuatro años), el desarrollo del continente era ya evidente.  El PIB global creció a una medida anual  del 2,7% en 1984-1988, del 3% entre 1991 y 2000, del 3,8%  en 2008-2010.  La población aumentó de 362 millones en 1980 a 515 millones en 2000.  El índice de población urbana era en este año del 75%; el número de ciudades de más de un millón de habitantes era ya de cincuenta, ocho de ellas entre las cien mayores del mundo. (p. 228)

Juan Pablo Fusi (2013): Breve historia del mundo contemporáneo. Galaxia Gutenberg, S.L. España. 

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