La calle y el diálogo en Venezuela

La Mesa de la Unidad Democrática dirigió una carta al Santo Padre para reconocer su preocupación por Venezuela y agradecerle que en diversas oportunidades ha señalado la violación de los derechos humanos y la ausencia de “condiciones muy claras” para el diálogo. El régimen se sostiene en la dirección policial cubana, la represión indiscriminada y las maniobras políticas. El último bodrio sacado de la chistera es la constituyente. El país afronta con entereza el momento de las acciones de calle. Las elecciones presidenciales y la organización del poder democrático es el objetivo de la confrontación.
Por Alejandro Arratia
La crisis política de Venezuela entró este año en tensión extrema que podría ser definitiva. Sin embargo, hay una diferencia con los demás países embarcados en el proyecto castrista bolivariano, el petróleo venezolano sigue siendo el sustento económico de la dictadura cubana. Sin esa fuente de riqueza la isla entra inmediatamente en un colapso quizás peor que el sufrido por la implosión del comunismo soviético a principios de los noventa del siglo pasado. Y los cubanos controlan el régimen “venezolano”. Cualquier análisis debe considerar este factor determinante que ayuda a comprender la magnitud de la tarea liberadora y la demanda de inteligencia política del liderazgo. La exclusión de algún recurso puede ser fatal; la mitificación de un medio, infantilismo; el descuido de los aliados internos o los apoyos externos, nefasto. En las líneas a continuación hablamos de las relaciones con la Santa Sede y de los aparentes antagonismos entre la resistencia callejera y la conclusión no violenta del proceso.
El Vaticano
El Papa declaró a la prensa sobre las dificultades en Venezuela para avanzar en el diálogo cargando buena parte de la responsabilidad en la actitud y desunión de la oposición. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se dirigió públicamente al Santo Padre –desde el afecto y el respeto que le profesamos y del cual nos sentimos orgullosos– para agradecer su preocupación por el país y recordar que el Sumo Pontífice ha señalado en diversas oportunidades las constantes violaciones a los derechos humanos y expresado que si no hay garantías y “condiciones muy claras” por parte del régimen, no hay posibilidad de diálogo
En la carta, la MUD cita el reciente manifiesto firmado por todos los partidos de oposición exigiendo: respeto a la Asamblea Nacional como poder independiente; liberación de todos los presos políticos; activación de un canal humanitario para atender las necesidades básicas en medicinas y alimentos; cese de las agresiones a la población; desmovilización de las fuerzas paramilitares y descartar la distribución de 500.000 armas a civiles afectos al gobierno; restitución inmediata del derecho a las elecciones; nombramiento de un Consejo Nacional Electoral imparcial con observadores internacionales; establecimiento del cronograma electoral que garantice en el 2017 la celebración de sufragios para Gobernadores, Diputados Estadales, Alcaldes y Concejales, así como la elección presidencial anticipada.
La MUD llama la atención del Santo Padre sobre dos criterios provenientes de la iglesia, que deberían ser escuchados. El Secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, ha dicho que para cualquier diálogo es necesario que el gobierno cese en la represión militar, policial y de los grupos paramilitares a las manifestaciones pacíficas del pueblo venezolano; que reconozca la autoridad y autonomía constitucional de la Asamblea Nacional; que libere a los presos políticos; que facilite la ayuda humanitaria internacional. Además, la MUD trae al caso la Conferencia Episcopal venezolana en su permanente exigencia de condiciones, la primera de ellas, un cronograma electoral antes de pensar en cualquier tipo de conversaciones con el régimen.
Los intentos de diálogo en 2014 y 2016, en los cuales la Santa Sede ha participado, fueron un fracaso. Por esas experiencias los venezolanos nos sentimos defraudados. El diálogo que se acepta hoy en Venezuela debe conducir a las elecciones para destrabar la crisis y restablecer la democracia. “En esto, querido Padre, no hay divisiones ni desunión en la Unidad venezolana”.
La calle
Este es el momento de las acciones de calle. En el 2016, el régimen atropelló la Asamblea Nacional, eliminó el Referéndum Revocatorio e instrumentó el falso diálogo; una emboscada para ganar tiempo y reponer sus fuerzas. En el 2017, con un golpe de Estado, acabó la ilusión de la separación de poderes.
El gobierno y sus asesores se precipitaron al quitarse abruptamente la careta. El apoyo internacional a la democracia es hoy más amplio y decidido. La presencia masiva, resuelta, heroica, de la población enfrentando las bandas armadas profundizó el destape dictatorial. Poseen el aparato del Estado, las finanzas, los medios de comunicación, las bandas armadas y, sobre todo, el ejército asesorado y penetrado por un contingente de mercenarios cubanos.
Esa fortaleza violenta puede ceder frente a la superioridad numérica, legal y moral de la oposición decida a enfrentarlos. Es cuestión de tiempo, comenzamos a ver la diversificación de actividades de protesta por regiones, las asambleas, la sectorización con sus reivindicaciones específicas. Si los líderes persisten en esos programas van por el buen camino y podrán mantener la resistencia cuanto sea necesario. Las experiencias históricas de otras naciones respaldan la expectativa.
La Mesa
El régimen en minoría interna y rechazado por la comunidad internacional se sostiene apoyado en la dirección policial cubana, la represión indiscriminada y las maniobras políticas. El último bodrio sacado de la chistera es la constituyente, un invento ilegal y extemporáneo con el cual pretenden obviar las elecciones constitucionalmente definidas. La burda artimaña de una constituyente no puede tener cabida en ningún espacio de acuerdo, sería hacerle el juego a la distracción, ya lo ha dicho la MUD en la carta referida supra. La intención gubernamental con el diálogo ha sido más propagandística que sustancial, desprestigiando ese valioso instrumento e intentando, sin éxito, desmoralizar a la opinión pública y dividir a la coalición opositora.
Los intentos de diálogo tuvieron resultados negativos para los demócratas, la razón del fracaso además de la actitud del régimen, se debió también –como lo reconoció el Secretario anterior de la MUD en la presentación del balance de su gestión- a que “la oposición (acudió) sin tener claridad ni consenso alrededor de qué objetivos buscaba”.
Asfalto y política
La demanda del momento es potenciar la capacidad de diseñar con menos prejuicios las acciones diarias y los programas de corto plazo. La confrontación va a continuar, calle y diálogo son instrumentos de lucha no antagónicos; el contexto y los fines impondrán las modalidades. Sufragios regionales y municipales constituyen valiosos fines inmediatos de control institucional y fortalecimiento de la oposición. Quizás llegará el momento de pelear simultáneamente en dos frentes. Verdades de Perogrullo, es cierto, pero imprescindible reiterarlas mientras estén activas las tendencias a confundir fines y medios, riesgo y estrategia, liderazgo y martirio. La mitificación de las forma de lucha entorpece la conducción del movimiento.
El enemigo es contrario a celebrar elecciones, lo han dicho con meridiana claridad, “las últimas fueron el 6 de diciembre del 2015”. Lo contrario a una salida electoral es la sumisión o la guerra. La oposición no tiene ni se propone tener las armas. Los llamados a las Fuerzas Armadas a cumplir con la constitución revelándose contra la dictadura deben incluirse en el proceso de derrotarla para consolidar una solución pacífica. La estrategia democrática no busca la confrontación indefinida, rechaza prolongar los sacrificios de vidas y bienes. Estamos obligados a vencer en tiempo limitado demostrando que somos superiores y obligarlos a una salida no violenta, que pasa necesariamente por la negociación y el voto.
En Venezuela, la elección presidencial y la inmediata organización del poder democrático es el objetivo de la confrontación. Una vez desplazada la dictadura el nuevo gobierno entrará a resolver los gravísimos problemas que aquejan al país.

 

 

 

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