La fórmula roja para la economía

La fórmula roja para los problemas económicos y sociales  supone, que si en una sociedad no se producen suficientes bienes y servicios es porque lo impide la propiedad privada y un grupo de hombres perversos. La sociedad es un cuartel que se maneja dando órdenes, dictando decretos y alzando la voz. La manera comunista de conducir la economía ha sido abandonada -¡hasta por sus promotores!- por inútil y dañina. 

por Trino Márquez

La fórmula comunista para los problemas económicos y sociales posee la simpleza del pensamiento rústico. Parte de suponer que si en una sociedad no se producen suficientes bienes y servicios, y estos no alcanzan para cubrir las necesidades de toda la población, es porque lo impide un grupo de hombres perversos, movidos por el afán de lucro desmedido y el egoísmo. El germen de la maldad lo alimenta la propiedad privada de los medios de producción.

Los adversarios se reúnen en dos géneros: las personas de carne y hueso inspiradas por fines  perversos; y los valores derivados de la propiedad privada. Identificados los enemigos hay que pasar a la etapa de su aniquilamiento.  Antes de atacar se deben resolver algunas interrogantes: ¿utilizar sólo el aparato judicial y los órganos represivos o  apelar al pueblo para que con sus propias manos cobre venganza?; o, mejor aún, ¿combinar ambos factores para que armen una tenaza irresistible? ¿Qué revolución no acude a las masas y se apoya en ellas?

El enfrentamiento al enemigo principal es permanente; para que surta los efectos esperados, la lucha no debe estar dominada por el azar. Nadie mejor que los militares para trazar esas líneas generales, definir los grandes y pequeños objetivos, actuar en el largo plazo y en la coyuntura con la misma habilidad. Por eso conviene crear el Comando Estratégico Operativo de la Economía, presidido por un militar activo.

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La economía es un cuartel central que se maneja dando órdenes, dictando decretos, alzando la voz. La actividad económica transcurre como la de todo laboratorio; sus variables se controlan e intervienen. La fórmula roja es pedestre. Hayek diría: el orden económico comunista está sometido a las normas rígidas de las organizaciones cerradas, en la que no existe la espontaneidad ni la libre relación entre sus agentes.

Esta receta fue utilizada durante décadas, con algunas variaciones, en la antigua URSS, Europa del Este, China, Vietnam. Los resultados son ampliamente conocidos. Todos esos países abandonaron a distintos ritmos la economía militarista, el intervencionismo desmedido, la estatización y el colectivismo. Rusia, a pesar de que no ha logrado superar los problemas generados por las mafias enquistadas en la industria, crece a una velocidad contenida. China pasó a ser la segunda economía del planeta. Las naciones de Europa Oriental han ido saliendo de la miseria en  la que las dejó el comunismo. Vietnam adoptó el modelo chino (economía de mercado con una fuerte dosis de control político) lo que le ha permitido convertirse en una pujante nación emergente.

En el otro lado  se encuentra la pobre Cuba, aferrada  aún a la tradición  militarista y estatista. En el territorio caribeño los particulares no pueden abrir ni siquiera salas de cine privadas porque el Estado omnipotente lo prohíbe. La sombra del decrépito autócrata comunista Fidel Castro sigue dominando. La dictadura optó por vivir del subsidio; primero la URSS, y tras la implosión del imperio, éste fue sustituido por Venezuela; además de las transferencias de los cubanos residentes en Florida.

En una etapa en la que la manera comunista de conducir la economía ha sido abandonada en todo el mundo -¡hasta por sus promotores!- por inútil y dañina, Maduro la retoma con furia, odio y populismo del más grotesco. Los recientes ataques a las tiendas de productos electrodomésticos y de línea blanca muestran el lado más perverso del método rojo, asentado en la revancha y el desprecio del Estado de Derecho, el diálogo y la convivencia pacífica.

La embestida que se mueve por los terrenos de la delincuencia, complementa las medidas disparatadas para combatir la inflación y establecer los “precios justos”. El organismo demencial creado para sofocar la indisciplina del dólar paralelo, el Centro Nacional de Comercio Exterior, será otra entelequia centralizadora que, fortalecerá el poder del Gobierno (eso suponen) y debilitará aún más la ya frágil economía privada. Los particulares tendrán que someterse a nuevos y mayores tormentos para obtener la venia de los burócratas arrogantes.

De los libros

<<para construir mayorías hay que entender el contexto donde se va a construir. En este caso, el contexto lo podemos entender bajo la denominación de autoritarismo electoral. Este es un régimen con dos patas una electoral y otra autoritaria; las dos son exactamente válidas y el defecto de la oposición ha sido el de creer que el juego o es sólo electoral y por lo tanto hay que ir a elecciones, o autoritario y por ello hay que resistir. Ambas son sustantivas, las elecciones no son superfluas, son fundamentalísimas en Venezuela, pero el ejercicio del poder es autoritario. Las elecciones son importantes porque son inclusivas, al ser universales y porque hoy en día tienen cédula para votar  quien antes no podían votar; además hay diversas posiciones políticas, hay competitividad ya que las fuerzas políticas pueden oponerse más o menos; y finalmente hay apertura política porque no hay una persecución masiva de opositores, si bien la hay, en forma selectiva y aislada, es decir solo algunos y solo a veces y no todo el mundo todo el tiempo.
Sin embargo, desde el punto de vista de la aplicación autoritaria del poder, las elecciones son manipuladas de tal manera que difícilmente son realmente justas y además el gobierno no resiente de las limitaciones de la Ley. No hay límites para el ejercicio del poder en Venezuela porque la “voluntad popular” es puesta por encima del imperio de la Ley, es decir: el gobierno opera sobre la base de lo que la mayoría dice sin respeto a los derechos individuales>>

Ángel Álvarez, “La oposición venezolana y el autoritarismo electoral”  pp. 231-235 en, La política y sus traumas (2013): Edic. UCAB. Venezuela.

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