La sombra de la barbarie

Han construido  un cerco financiero que  mantiene las universidades  al borde de la bancarrota y por ello los profesores venezolanos son los peores pagados de toda América Latina;   además,  la inflación en Venezuela es la más alta del Continente  y una de las tres mayores del mundo.  Un sueldo digno es lo mínimo que puede aspirar un educador, que  no eleva su status académico por antigüedad. El ascenso por inercia no existe. La Universidad   debe mantener su característica fundamental  de institución de alta exigencia,  jerárquica  y  meritocrática.   

por Trino Márquez

El conflicto que libran los docentes y  estudiantes de dieciséis universidades de  Venezuela  contra la barbarie oficialista tiene un componente moral, que le da un tono especial.  Los académicos han sido maltratados por unos gamberros que desprecian el trabajo intelectual, al que consideran -siguiendo la fórmula aplicada por Mao Zedong durante la Revolución Cultural china- una excrecencia de la división capitalista del trabajo.

Con el fin de someter las casas de estudio y convertirlas en apéndices del  socialismo del siglo XXI  (ese modelo fracasado, caricatura del comunismo tradicional del siglo XX)  han construido un cerco financiero que las mantiene al borde de la bancarrota.  La huelga de hambre emprendida por estudiantes y profesores, la caminata desde el centro del país (UCLA de Barquisimeto,  Estado Lara)  hacia Caracas y los numerosos actos de apoyo de diversos sectores nacionales constituye ejemplo de coraje que los bárbaros desestiman.

Las universidades se van transformando en liceos grandes, sin capacidad de  investigar e innovar de acuerdo con las altas exigencias que impone la sociedad del conocimiento.  La ciencia y la tecnología  son marginadas, a pesar de los enormes esfuerzos  del personal docente para mantenerse al día en un mundo donde los conocimientos se renuevan constantemente.  Citemos sólo un ejemplo: en medicina se calcula que, después del descubrimiento del genoma humano, una facultad queda rezagada en apenas cinco años si no renueva continuamente su bibliografía.  Las universidades han declinado hasta convertirse en cajas de resonancia  retransmisoras   de saberes que se desarrollan en países que dan al conocimiento la dignidad que merece.

La crisis golpea al personal docente con una brutalidad feroz. Los profesores venezolanos son los peores pagados de toda América Latina, cuando hace apenas algunos años competían en condiciones ventajosas.  En este punto los dirigentes han colocado el énfasis, y  no puede ser de otro modo. La docencia y la investigación exigen condiciones de tranquilidad mental  imposible de obtener si el educador consume los días inventando para  que el dinero le alcance hasta el final de la quincena.

Un sueldo digno es lo mínimo que puede aspirar un educador que  asciende en el escalafón universitario mediante la presentación y defensa exitosa de trabajos de ascenso y la obtención de títulos de cuarto y quinto nivel (maestría, doctorado y postdoctorado). La discusión de los ingresos se encuentra en términos de satisfacción de necesidades básicas. Los profesores instructores, asistentes y agregados, a medio tiempo, reciben menos de un salario mínimo. (El s.m  actual, Bs. 2457  y  Bs. 2927,95 en noviembre 2013).

En los dos niveles superiores, asociado y titular, la situación también es lamentable. Un profesor titular a dedicación exclusiva (con doctorado y 25 a 30 años de docencia e investigación)  devenga una asignación mensual de Bs. 7702; es decir, 1222,5 USD (dólar  oficial a 6,30 Bs, pues no se puede hablar del verdadero). La situación es peor porque la inflación en Venezuela es la más alta de América Latina y una de las tres mayores del mundo. En el 2012 superó el 31%.  En mayo de este año los precios aumentaron un 6%, ¿a cuánto ascenderá el índice inflacionario en 2013?

El universitario no eleva su status académico por antigüedad. El ascenso por inercia no existe. La Universidad es y debe mantener su característica fundamental  de institución  jerárquica  y  meritocrática.    Es un centro de creación y trasmisión de conocimientos  donde unos docentes,  con las condiciones  exigidas por normas y reglamentos, evalúan la calidad, consistencia y rigor científico del trabajo de aspirantes situados en un rango inferior.

La igualdad demagógica que algunos maoístas y cheguevaristas trasnochados proponen no puede existir. Tal igualitarismo resultaría letal para la misión esencial de la universidad: producir y transmitir conocimientos altamente especializados.  La democracia en este plano se concreta en que todas las personas con las aptitudes requeridas, tengan la oportunidad, independientemente de su condición socioeconómica, de acceder a esos centros de formación intelectual.

El Gobierno persiste en el propósito de degradar las instituciones de educación superior y alinearlas  en el proyecto de ideologización contemplado para todos los niveles. El plan incluye eliminar la diversidad teórica y doctrinaria que debe caracterizarlas y, desde luego, empobrecer a los docentes.

Los estudiantes han entendido que el derecho al estudio y la formación intelectual  es  inseparable  de  una dimensión ética insustituible. Los alumnos no pueden recibir clases ni orientaciones profesionales si sus docentes son vejados. La solidaridad  con el maestro, especialmente cuando la persecución política tiene un alto componente de humillación premeditada, forma parte de sus obligaciones morales.

La educación moderna  y  avanzada  no  se desentiende de los principios ni se ocupa solo de los conocimientos instrumentales.  Las agresiones y manipulaciones ideológicas del régimen no son para desarrollar el país, son para amputar el sector educativo y someterlo a la ideología del atraso.  La razón y la justicia se impondrán. La Universidad vencerá las sombras

 

De los libros

“¿Qué idea de libertad se hace Don Quijote? La misma que, a partir del siglo XVIII, se harán en Europa los llamados liberales: la libertad es la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones ni condicionamientos, en exclusiva función de su inteligencia y voluntad. Es decir, lo que varios siglos más tarde un Isaiah Berlin definiría como “libertad  negativa”,  la de estar libre de interferencias y coacciones para pensar, expresarse y actuar. Lo que anida  en el corazón de esa idea de libertad es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder”

Mario Vargas Llosa: “Don Quijote de la Mancha, una novela para el siglo XXI” Letras Libres. Edición Española, Nº 40. Enero 2005. Madrid

 

 

 

 

 

 

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