Lo bueno, lo malo y lo feo: Venezuela,1958-2012

En el proyecto de recuperar el lugar que le corresponde a Venezuela en el concierto de la civilización occidental y la modernidad, debe incluirse el examen  de lo bueno, lo malo y lo feo  del acontecer  político contemporáneo (1958-2012),  para  dar ahora y al siguiente día del triunfo democrático, sólidas explicaciones a la comunidad internacional.

                                                                                                        por Alejandro Arratia

En las últimas décadas del siglo XX e inicios del XXI la idea democrática se extendió en Iberoamérica. En ese contexto Venezuela brilló con méritos propios desde 1958, pero las elites civiles, políticas y militares, enceguecidas por sus intereses grupales culminaron en 1998 el proceso de entrega del Estado; a pesar de que los enemigos habían expuesto descaradamente, un programa de retroceso institucional y cercenamiento de los derechos ciudadanos.  Por lo tanto, en menos de 60 años de historia contemporánea hay dos páginas de contenidos políticos y sociales fundamentales;  una positiva, la otra negativa,  causalmente relacionadas, que demandan estudio y divulgación. Me permito traer en consecuencia lo sucedido.

El Pacto de Punto Fijo (1958) y cuarenta años de democracia representativa (1958-1998) constituyen contribuciones importantes de los venezolanos para el afianzamiento de la modernidad. El Pacto es un reconocido modelo de transición de la dictadura a la democracia; y la alternabilidad pacífica de ocho gobiernos en un continente convulsionado, castigado por crueles e ineptas dictaduras,  un logro significativo cuya evaluación está todavía pendiente. En el mismo folio del haber, la nación agrega, a  favor de la libertad, su papel de firme vanguardia en la contención de la ofensiva castrista.

En la hoja del debe internacional aparece desde 1998 el cierre progresivo de la vida civilizada. Da cuenta de ese viraje adverso de la amistad y el intercambio con agrupaciones, centros de poder e ideologías retrógradas del planeta: FARC, Hamas, comunismo, antisemitismo, ETA, fundamentalismo islamista, castrismo, anti-irraelismo, Irán, Hezbolá, Gadafi, Al Assad. Una bandería elegida con ostentación y bravuconería, exhibida mediante intercambios comerciales, visitas de reconocidos capitostes, monumentos a criminales, intervención en la política interna de otras naciones, regalos de petróleo, compras de armas.

Lo bueno, lo malo y lo feo de esos 54 años debe ser materia de discusión en los espacios políticos y académicos. Estudiar el período sin prejuicios ni limitaciones como las que ha  logrado imponer el oficialismo con eslogan del tipo, “no al puntofijismo”  y  “no hay regreso al pasado”, falsamente dirigidos contra la corrupción y demás vicios partidistas. Aunque las frases acuñadas -las del ejemplo aquí citado y las del amplio arsenal al uso-  son  triquiñuelas, mezcla aleatoria de verdad y mentira, fueron  toleradas sumisamente sin respuesta efectiva de la intelligentsia y seguirán  propalándose  contra la democracia representativa.

La historia contemporánea de Venezuela obliga a conocer el  deber y el haber  antes mencionados, entre otros fines para dar -ahora y al siguiente día del triunfo democrático-  explicaciones a la comunidad internacional, porque es inaplazable recuperar el lugar que le corresponde a la Nación en el concierto de la civilización occidental y la modernidad.

De los libros

…la “República Bolivariana” contradice esencialmente a Bolívar, republicano clásico que adjuraba del pasado monárquico por haber condenado a los “moradores del hemisferio” a una “posición puramente pasiva, a una existencia política nula”. Cuando el general Páez le propuso coronarse, rechazó la idea.
No sólo eso: Bolívar repudió expresamente la “continuación de la autoridad en un mismo individuo” porque “frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos”. Adversario de la revolución social, enemigo del radicalismo jacobino y del terror, Bolívar creía necesario “rechazar las olas populares” e impedir “las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados”. “La República –dijo- ha levantado el país a la gloria y la prosperidad, dado leyes y libertad. Los magistrados de Colombia no son Robespierre ni Marat.” Rechazaba, en suma, la matriz teológico-política española, pero, como el arquitecto político que fue, temía que el carácter centrífugo de las nuevas repúblicas federalistas alentara la tiranía, el caudillismo, la insurrección popular y aun la anarquía. (pp. 515-516)

…¿Redención o democracia? Éste ha sido, hasta hace poco, el dilema central de América Latina. La mayor parte de nuestras naciones ha optado por la democracia, y por el retorno a los valores liberales y republicanos que les dieron origen. Pero para que la democracia se fortalezca y perdure, y para que a través de ella (con sus leyes, instrumentos e instituciones) nuestros pueblos puedan enfrentar los males del nuevo siglo, los gobiernos deben desplegar un efectiva vocación social. De no hacerlo, la región volverá a buscar la redención, con todo el sufrimiento que conlleva.  (p.16)

Enrique Krauze (2011): REDENTORES. Ideas y Poder en América Latina. DEBATE. Barcelona, España.

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