Pregonemos el caso Paraguay

En el debate de las ideas y la batalla de la imagen, Paraguay debe ocupar lugar destacado.  Las élites democráticas superaron la crisis política -agudizada hace 10 meses por un hecho de violencia- instrumentando medidas legales, pacíficas y electorales. Ahora, las buenas cifras macroeconómicas y la capacidad política  tienen que traducirse en beneficios reales para la población. Así  la sombra del doctor Francia  cesará  de cabalgar en Paraguay. 

por Alejandro Arratia

Se imaginan la campaña de la ultra izquierda si el llamado Comunismo del Siglo XXI suma otro país; o la tempestad de acusaciones si en situación extrema fuere inevitable utilizar la fuerza para proteger la democracia.  En uno u otro caso, la algarabía mundial de los medios, los piquetes de apoyo o protesta en Londres, Madrid, París, Estocolmo… y en las Naciones Unidas, sería ensordecedora.  Contraria, casi opuesta, es  la actitud de los defensores de la civilización: nula explicación de los éxitos propios y poco empeño en la denuncia de las tropelías  izquierdistas.

En el debate de las ideas y la batalla de la imagen, la contención del libreto cubano-comunista-bolivariano en Paraguay debe ocupar lugar destacado. Con un presidente de aparente ambigüedad ideológica, comportamiento izquierdista y supuesta “política exterior de centro”, los demócratas paraguayos superaron la crisis política originada en un hecho de violencia, instrumentando medidas legales, pacíficas y electorales para bloquear el guion rojo: constituyente, elecciones, destrucción de las fuerzas armadas y del poder judicial, nuevas elecciones…

El 22 de junio de 2012 el Congreso -con 39 votos a favor, 4 en contra y 2 ausencias- destituyó al Presidente de la República por  ‘mal desempeño de sus funciones’,  en medio de la tensión  por un conflicto que dejó 17 muertos.  En el mismo acto designó en su lugar al vicepresidente y líder liberal,  Federico Franco. Los jefes de gobierno de  Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia y Nicaragua reaccionaron de inmediato con gran virulencia verbal. El gobierno de Uruguay se coaligó para suspender a Paraguay del Mercosur. Los 11 integrantes de UNASUR también lo execraron.

Los castigos despreciaron el hecho incuestionable de que la formalidad constitucional fue respetada, como lo estableció la Corte de Justicia. El calor de las amenazas era exagerado en comparación con la frialdad interna de todos los sectores y del propio presidente defenestrado. Por fortuna los gobiernos y organismos regionales se arroparon en este caso con un poco de sindéresis política; decidieron abrir  compás de espera hasta las elecciones presidenciales. El pequeño país del Cono Sur ganó el primer round en defensa de la democracia y la civilización.

Diez meses de transición y el 21/04/2013  la presidencia regreso al mayoritario Partido “Colorado”. Entre el “Azul” (Liberal) y el “Colorado”  -bien distinguidos por sus colores,  aunque menos por las diferencias ideológicas- monopolizaron más del 90% de los votos.   La izquierda obtuvo en esos comicios menos del 10%  (5,6 y 3,4%), unos distantes 3º y 4º puestos. Nunca representó amenaza al bipartidismo. (En el 2008, para el triunfo de Fernando Lugo,  activista político-sacerdote de la Teología de la Liberación, los liberales aportaron el  70% de los votos).

Anotemos otros asuntos que trascienden el hecho electoral. Las estimaciones del FMI indican que Paraguay transitará por la senda del crecimiento económico, por lo menos durante los próximos dos años, y se ubicará entre los países más vigorosos de la región, con un incremento de 11% del PIB en el 2013 y el tercer mayor índice de crecimiento económico de Sudamérica en el 2014. El Fondo  pone a Paraguay como país con mayor apertura comercial.  Parte del territorio paraguayo se encuentra sobre una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta.

El BID  confirmó que el déficit habitacional de Paraguay alcanza el 43% y el  40% de la población rural vive en la pobreza. La oferta anual de puestos de trabajo es insuficiente para la demanda de 140000 jóvenes que se incorporan a la población económicamente activa.  La política impositiva es débil y no logra maximizar los ingresos; la reforma encuentra la oposición de los grandes agroexportadores.   Los niveles de  industrialización son muy bajos. Y las ironías del subdesarrollo, más de un millón de personas no tiene acceso a servicios de agua potable ni  alcantarillado.

 Las buenas cifras macroeconómicas y la destreza política tienen que traducirse en beneficios reales para la población: vivienda, alcantarillado, agua, educación, trabajo moderno, seguridad social, reducción del latifundio, industrialización, seguridad jurídica; es decir, combatir los verdaderos  enemigos internos de la democracia, enemigos verdaderos más peligrosos que las pequeñas minorías izquierdistas. Colorados y liberales pueden y deben promover la modernización del país, para que la sombra del doctor Francia cese de cabalgar en Paraguay.

De los libros

“lo que todo príncipe sabio debe hacer: no preocuparse sólo de los desórdenes del presente, sino también de los del futuro, y evitarlos por todos los medios; porque cuando los males se prevén con antelación es fácil ponerles remedio, pero si se espera hasta que están cerca, la medicina ya no surte efecto, porque la enfermedad se ha vuelto incurable. (…) Lo mismo sucede con los asuntos de estado, porque los problemas que nacen se pueden solucionar rápidamente cuando se perciben a tiempo (un don que sólo tienen los prudentes), pero si, por no haberlos advertido a tiempo, se los deja crecer hasta que todos los conocen, ya no tienen remedio.

Por eso los romanos siempre se enfrentaron inmediatamente a los problemas que veían avecinarse, y nunca dejaron que siguieran creciendo con tal de no tener que enfrentarse a una guerra, porque sabían que con ello no iban a evitarla, sino sólo a demorarla en favor de otros.”

Nicolás Maquiavelo (2012): El Príncipe. Espasa/Austral. España. pp. 46-47

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