Pedro y Pablo, síntomas de España

En España, Podemos es la fiebre que delata la enfermedad. A Pedro Sánchez lo obsesiona la presidencia y está dispuesto a conceder todas las exigencias de populistas, ultraizquierdistas, nacionalistas y terroristas, a cambio de apoyo parlamentario para la investidura. Hay que rescatar la democracia del borde del precipicio, defenderla de sus enemigos íntimos.

Por Alejandro Arratia

Derrotado el totalitarismo nazi y el comunista derrumbado a principios de la década de los 90, hoy ningún modelo de sociedad es rival de la democracia. ¿De dónde provienen las amenazas? Tzvetan Todorov, con el objetivo de ayudarnos a comprender mejor el tiempo y el espacio en los que vivimos, escribió Los enemigos íntimos de la democracia (2012). Las amenazas proceden de dentro, de ideologías, movimientos y actuaciones que dicen defender sus valores. Emanan de sus elementos constitutivos: progreso, libertad y pueblo. El historiador afirma que “buscaría el remedio a nuestros males en una evolución de la mentalidad que permitiera recuperar el sentido del proyecto democrático y equilibrar mejor sus grandes principios: poder del pueblo, fe en el progreso, libertades individuales, economía de mercado, derechos naturales y sacralización de lo humano” (190)

Resultados

En España, Podemos es la fiebre que delata la enfermedad. Un fenómeno patológico. Se equivocan, o proceden de mala fe, quienes procuran sumar la pastilla morada a las “recetas salvadoras”. Podemos nació para aniquilar la democracia, y no miente, está desarrollando el plan a la luz del día, utiliza la vía electoral y cualquier instrumento constitucional y legal. Avanza engullendo los grupos socialistas, ultraizquierdistas, nacionalistas y terroristas, para mutar en fuerza hegemónica anti sistema y confrontar al PP. Si tiene éxito, procederá, por su naturaleza y misión, a eliminar las libertades, controlar el aparato burocrático y el productivo, suprimir de hecho la separación de poderes, dirigir los medios de comunicación y las organizaciones culturales, e implantar un gobierno autoritario.

Pedro Sánchez (él prefiere Pdr Snchz) antes de las elecciones generales declaró que los acuerdos con Podemos eran viables porque ese movimiento había matizado su lenguaje… Todos los días aprendemos algo nuevo, para Snchz la política es solo un asunto de jerga. Nada que ver con principios, programas, origen e historia turbia del aliado. El objetivo es la presidencia del gobierno. El fin justifica los medios. Snchz ha demostrado contumacia en el propósito. La Moncloa lo obsesiona y está dispuesto a conceder todas las exigencias de populistas, ultraizquierdistas, nacionalistas y terroristas, a cambio de apoyo parlamentario para obtener la investidura. Y si no es investido presidente del gobierno, asegurar, haciendo uso de un arsenal de triquiñuelas, la continuidad de jefe del PSOE.

El 20 de diciembre la fría objetividad numérica reveló la radiografía política de España. Ningún partido obtuvo mayoría absoluta. El PP en relación al 2011 redujo 3,6 MM de votos y 63 diputados, conserva la posición de primera fuerza con el 28%, 7,2 MM de votos y 123 diputados. El PSOE logra su peor resultado de la historia (22%), 5,5 MM de votos y 90 diputados, 20 menos que el 2011. Catástrofe y renuncia del secretario general. Podemos, sumando marcas blancas, tercer lugar; 300000 votos menos que el PSOE. Ciudadanos cuarto lugar, debajo de las expectativas, surge como un importante partido democrático. Toda cifra es interpretable sin trascender los límites de la sensatez, y cada grupo las utiliza en consonancia con sus principios, negando, o protegiendo los intereses generales.

De las amenazas a la democracia son responsables todas las elites dirigentes, pero hoy las acciones corresponden a los partidos. El PSOE tiene la llave de la investidura presidencial para reactivar el gobierno. ¿Qué harán los líderes socialistas? Hasta el presente pusieron vallas infranqueables a las negociaciones de ultraizquierda, prohibiendo ceder en las demandas separatistas. Snchz ha intentado burlarlas en conversaciones directas con los grupos secesionista y la manipulación de propuestas genéricas. Maniobras que Iglesias ha dinamitado. Pablo quiere un PSOE humillado, disminuido en la alianza y lo manifiesta brutalmente; porque igual le sirve el fracaso cantado de la investidura, que ir a nuevas elecciones, pues espera desplazar al PSOE y liderar el electorado de izquierda.

Urge bajar la temperatura a niveles de normalidad y ocuparse del malestar de fondo. Lo mejor, la investidura antes del dos de mayo. Elecciones el 26 de junio para volver a complicadas negociaciones, tiene un efecto letal en la economía. Lo mejor no es lo verosímil. Hay que rescatar la democracia del borde del precipicio, defenderla de sus enemigos íntimos. Los 38,5º actuales denuncian la banalización del discurso, burocratización de los partidos, trivialización de los asuntos de Estado en video-política, distanciamiento y opacidad en el desenvolvimiento del liderazgo, corrupción, abandono de principios y abulia en la defensa de la democracia. Hoy el problema es Pablo, el obstáculo es Pedro. ¿Qué harán el PP, el PSOE y C’s así como las elites culturales y de la economía?

De los libros

<<La demagogia es el modo en que se presenta el populismo. En cuanto a su contenido, gira alrededor de varias constantes. En primer lugar, el populismo se niega a alejarse tanto del aquí y el ahora como de los individuos concretos, y huye de las abstracciones, las distancias y el tiempo en favor de lo concreto, lo próximo, incluso lo inmediato. Mientras que el demócrata ideal intenta inspirarse en lo que Rousseau llamaba la voluntad general –una construcción hipotética de lo que en cada momento convendría más a todo el pueblo-, el populista se dirige a la multitud con la que está en contacto: un mitin en la plaza pública, los espectadores de un programa de televisión o los oyentes de uno de radio. Al demócrata no le queda más remedio que defender valores impopulares y preconizar sacrificios, porque le preocupan también las generaciones futuras, pero el populista actúa sobre la emoción del momento, necesariamente efímera. El demócrata está dispuesto a intervenir en favor de las minorías del país en nombre del interés general, pero el populista prefiere limitarse a las certezas dela mayoría.
El demócrata respeta las leyes y considera importantes los comités de reflexión y las comisiones de estudio, donde se dispone el tiempo para sopesar los pros y los contra, mientras que el populista se siente cómodo en las asambleas deliberativas, en las que la buena presencia, el discurso elocuente y las bonitas palabras pueden ganarse la adhesión>> (p. 150)

Tzvetan Todorov (2012): Los enemigos íntimos de la democracia. Galaxia Gutenberg. España
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