Umberto Eco, el último enciclopedista

Eco se interesa no tanto por el fenómeno de identificar a un enemigo, como por el proceso de producción y demonización. El enemigo es un problema antiguo que mantiene vigencia, cambia con el tiempo pero es la excusa oportuna. Los enemigos son distintos a nosotros y tienen costumbres diferentes a las nuestras. Son hediondos y feos, porque se identifica lo bello con lo bueno. Seguimos construyendo enemigos a diario, necesitamos un rival en quien descargar nuestras debilidades, sino existe habrá que crearlo. 

Por Alejandro Arratia

LibrosAdquirimos libros por razones diversas, no husmeamos los mostradores de las librerías madrileñas apostando solo al azar. El trabajo, temas que en el momento nos preocupan y reseñas semanales de las revistas culturales, orientan la búsqueda. Motivación especial ejercen los escritores preferidos. Las tapas no determinan la selección, menos si se trata de Umberto Eco; sin embargo, Construir al enemigo (2012), cumplió el papel de anzuelo. El verdadero título de la recopilación debería haber sido “Textos de ocasión” pero al editor le pareció tan modesto que podría no atraer la atención del lector. De catorce ensayos que acumulan 319 páginas, el primero prestó su nombre. Eco se interesa no tanto por el fenómeno de identificar a un enemigo, como por el proceso de producción y demonización.

Los enemigos son distintos a nosotros y tienen costumbres diferentes a las nuestras: el extranjero, el negro, el gitano, el judío… Los enumera exponiendo las fuentes antiguas y del medioevo, cultas y contemporáneas: lo dice Cicerón en las Catilinarias, se encuentran en la Biblia, aparecen en párrafos de Tácito y de Plinio o en la Enciclopedia Británica (1ª edición, 1798). Eco recupera relatos de la Edad Media y de la Primera Guerra Mundial; de Wagner, de Hitler y la Ilíada. El enemigo debe ser hediondo y feo, porque se identifica lo bello con lo bueno. Seguimos construyendo enemigos a diario, necesitamos un rival en quien descargar nuestras debilidades, sino existe habrá que inventarlo. “El enemigo” es un problema antiguo que mantiene vigencia, cambia con el tiempo pero es la excusa oportuna.

BrujasLas brujas han sido enemigos sociales que se merecen procesos inquisitoriales y la hoguera, Eco selecciona con una publicación de 1486, “El martillo de la bruja”, cómo la víctima al final del interrogatorio confiesa incluso lo que no ha hecho, al confesarlo se convence de haberlo hecho. <<…un procedimiento análogo se relata en “El cero y el infinito” (1941) de Koestler, […] en los procesos estalinistas primero se construía la imagen del enemigo y luego se convencía a la víctima de que se reconociera en esa imagen>> (Eco, 2012: 33). George Orwell, 1984, le sirve para mostrar un modelo ejemplar de construcción intensiva de un enemigo. Agrega Eco, cómo el teatro y la narrativa crean ejemplares feos que se adecúan a la imagen que se tiene de ellos, esperando un reconocimiento benévolo.

<<Al parecer no podemos pasarnos sin el enemigo. La figura del enemigo no puede ser abolida por los procesos de civilización. La necesidad es connatural también al hombre manso y amigo de la paz. Sencillamente, en estos casos, se desplaza la imagen del enemigo de un objeto humano a una fuerza natural o social que de alguna forma nos amenaza y que debe ser doblegada, ya sea la explotación capitalista, la contaminación ambiental o el hambre en el Tercer Mundo. Ahora bien, aun siendo estos casos virtuosos, como nos recuerda Brecht, también el odio hacia la injusticia desencaja el rostro>> […] <<Yo diría que la instancia ética sobreviene no cuando fingimos que no hay enemigos, sino cuando se intenta entenderlos, ponerse en su lugar>> (Eco, 2012: 34)

Supertición¿Por qué seleccionamos de la abundante y erudita obra de Umberto Eco un texto de menor trascendencia? Nos preocupa desde una perspectiva sociológica y política el enemigo como excusa. En países de Europa -no solo del vilipendiado sur- la izquierda y el progresismo culpabilizan a la Unión Europea de sus desajustes económicos y sociales; el desempleo lo producen los inmigrantes, la quiebra de Grecia la causa Alemania, el acaecimiento de la inseguridad se debe a las fronteras abiertas. Por su parte, América Latina y el Caribe permanecen bloqueados por los mitos ancestrales y los grandes enemigos que echaron raíces en la conciencia de todos los estratos sociales: el imperialismo opresor, ahora se llama globalización y neoliberalismo, es el responsable de las terribles calamidades de siempre.

ProfetasEl intento de resumir el contenido de los 14 ensayos es presuntuoso (escritos ocasionales de temas exigidos para conferencias, discursos, reelaboración de artículos, ponencias y síntesis de intervenciones escritas y orales). En uno de ellos “Lo absoluto y lo relativo”, Eco advirtió al auditorio que, una lección seria sobre esos conceptos debería durar 2500 años, tanto como el debate real. Reflexionemos sobre una sentencia de actualidad: <<Reconocer que una cultura ajena es distinta y debe ser respetada en su diversidad no significa abdicar de nuestra identidad cultural>> Y pregunta: << ¿Cómo se ha llegado entonces a construir el fantasma del relativismo como ideología homogénea, cáncer de la civilización contemporánea?>> (Eco, 2012: 58). De seguida su enjundioso razonamiento abarca siete páginas.

La rosaSe ha ido el último enciclopedista. Trascendió las aulas universitarias publicando un relato policíaco de misterios y enigmas medievales, con buena dosis de frases en latín. El nombre de la rosa (1980), su primera novela llegó a la imprenta después de superar las dudas; debe un académico incursionar en el género. Traducida a más de cincuenta idiomas, con cincuenta millones de copias vendidas, lo animó a seguir cultivando la ficción y lo hizo con una obra maestra: El péndulo de Foucault. Filósofo, semiólogo, experto en comunicación. En 1975 publico un Tratado de semiótica General, que es de obligatoria consulta en las universidades del mundo. En mayo de este año saldrá su último libro. Rendir una discreta despedida a Umberto Eco es una forma de enaltecer la cultura universal.

De los libros

<<Las enciclopedias consignan, junto al relativismo cognoscitivo, el relativismo cultural. Que distintas culturas tienen no solo lenguas o mitologías distintas sino también distintas concepciones morales (todas razonables en su ámbito), es algo que, empezaron a entender primero Montaigne y después Locke, cuando Europa entró en contacto de forma más crítica con otras culturas. El hecho de que ciertos primitivos de las selvas de Nueva Guinea sigan considerando todavía hoy en día legítimo y recomendable el canibalismo (y un inglés no), me parece una observación incontestable, al igual que es incontestable que en algunos países se reserve a las adúlteras un tipo de reprobación distinto del nuestro. Ahora bien, el reconocimiento de las variedades de las culturas, en primer lugar, no niega que determinados comportamientos sean más universales (por ejemplo, el amor de una madre hacia sus propios hijos, o el hecho de que se suelen usar las mismas expresiones faciales para expresar disgusto o hilaridad), y, en segundo lugar, no implica relativismo moral, por el que, al no existir valores éticos iguales para todas las culturas, podemos adaptar libremente nuestro comportamiento a nuestros deseos e intereses. Reconocer que un cultura ajena es distinta y debe ser respetada en su diversidad no significa abdicar de nuestra identidad cultural>> (pp. 57-58)

Umberto Eco (2012): Construir al enemigo. Lumen. España. Del ensayo, “Lo absoluto y lo relativo”. Conferencia dictada el 9 de julio 2007.
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