Venezuela. Dictadura y Constituyente

Con la iniciativa mal cocinada por los asesores internacionales del gobierno a lo largo del año 2016 y presentada como respuesta arbitraria e improcedente a la demanda de elecciones, el régimen pasó a la fase terminal del terrible proceso destructivo de la democracia. El proyecto de Constituyente conforma tal adefesio que la MUD debería evaluar muy bien el sentido de organizar un referendo consultivo para preguntar a los venezolanos si están de acuerdo con convocar una constituyente. ¿No será dar demasiada importancia a una iniciativa delirante?
Por Trino Márquez
@trinomarquezc

Las bases comiciales de la Constituyente Comunal presentadas por Nicolás Maduro, aprobadas por las rectoras del Consejo Nacional Electoral (CNE) con la diligencia del subalterno servil, representan un salto en garrocha hacia un socialismo arcaísta con rasgos de comunismo cubano y modelo camboyano.

Con la iniciativa mal cocinada por los asesores internacionales del gobierno a lo largo del año 2016 y presentada como respuesta arbitraria e improcedente a la demanda de elecciones, el régimen pasó a la fase terminal del largo proceso destructivo de la democracia. La camarilla gobernante le declaró la guerra al país. En contra de la voluntad de todos los sectores importantes -iglesia católica, academias, trabajadores organizados, gremios, universidades, empresarios e intelectuales- el gobierno haciendo pleno uso de sus títeres: Sala Constitucional y el CNE, decidió desconocer la Constitución.

Los abogados constitucionalistas y dos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) han cuestionado la legalidad del mamotreto señalando suficientes argumentos en contra del llamado constituyente. Dicen, entre otros razonamientos: las bases comiciales violan el principio según el cual “el pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario… (y) en ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente” (Art. 347). Esta competencia se la arrebató Nicolás Maduro, pasó a ser el convocante cuando lo único que le está permitido es tomar la “iniciativa” (Art. 348) para que el proceso se active en su fase inicial. Además, esas bases espurias le garantizan al oficialismo el control de la mayoría, a pesar de ser una minoría que no alcanza ni siquiera la quinta parte de los venezolanos.

Con esa mayoría forjada el gobierno podría aprobar todos los caprichos que se le antojen y acabar con la República democrática, federal y descentralizada. Decidir que las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) son parte inseparable del Partido Socialista Unido de Venezuela, como en Cuba el Ejército Rebelde. Declarar abiertamente que los forajidos llamados “colectivos” son el brazo civil-armado de las FAN. Y pare de contar, cualquier insensatez o abuso podría ser adoptado en ese aquelarre que surgiría de la reunión de más de quinientas personas seleccionadas entre los activistas del partido de gobierno en cualquiera de los numerosos centros de capacitación comunista que dispone.

Ya han comunicado algo de sus propósitos. Es solo un adelanto: desaparición de la Asamblea Nacional; transformación de la Fiscalía General de la República, creación de tribunales a la medida de las necesidades de la revolución…

Las bases son tan disparatadas como la idea misma de la Constituyente. El país se encuentra arruinado, no porque la Constitución vigente sea defectuosa y haya que sustituirla por otra más moderna, la nación se halla en la miseria, anarquizada y en un régimen dictatorial, porque los principios y normas constitucionales fueron pisoteados y sustituidos en la práctica por normas propias del gobierno cubano. Se acabó con la propiedad privada y la autonomía del Banco Central. Se politizó a las FAN. Se desconoció el principio de la autonomía, equilibrio y colaboración entre los poderes públicos. Se ignoró la autoridad de la Asamblea Nacional, de los gobiernos estatales y municipales. Se acabó con el concepto de servidor público, que fue sustituido por el de militante del oficialismo. Se pulverizó el principio de la alternabilidad, esencial para que la democracia se renueve y los gobiernos cambien de manera pacífica.

Junto a todos estos atropellos encontramos la violación del cronograma electoral constitucional. Para 2016 estaban previstas las elecciones de gobernadores. El CNE no las convocó. Para 2017, están contemplados los comicios para alcaldes. El CNE se olvidó de ellos. Para 2018 está anunciada la elección del Presidente de la Republica. El régimen se anticipó a esa cita proponiendo una constituyente bufa, avalada por el CNE. El objetivo es evidente: quieren mantenerse al frente del Poder Ejecutivo a pesar de ser una escuálida minoría.

Ha sido el desconocimiento del marco constitucional establecido en la Carta del 1999 lo que nos ha sumergido en esta crisis sin precedentes. La Constituyente madurista sólo contribuirá a agravar la crisis y volver al país todavía más caótico y miserable de lo que ya es.

Las bases comiciales y el proyecto de Constituyente conforman tal adefesio, que la MUD debería evaluar muy bien el sentido de organizar un referendo consultivo para preguntar a los venezolanos si están de acuerdo con convocar una constituyente, sea la de Maduro o cualquier otra. Movilizar la gente para tal fin será conferir demasiada importancia a una iniciativa delirante, orientada a perpetuar en el poder a esa casta, a pesar de su impopularidad y de su aislamiento creciente en el plano internacional. Reconocemos que la imaginación política hay que aguzarla, pero sin dar bomba a los disparates que se le ocurren a los dictadores desesperados. Pensemos en otras acciones políticas.

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