…y del Caribe

El conocimiento que se tiene del Caribe resulta la mayor parte de las veces parcial. Para la mayoría es una isla o islas exóticas; para otros, letrados e intelectuales “progresistas”, es el reino de la revolución cubana. El Caribe es un espacio geográfico que trasciende el mosaico de islas. Es un complejo entramado de culturas, lenguas y tradiciones cuya unidad se funda en lo diverso.

por Mireya Fernández Merino

América Latina y el Caribe. El primer término traduce la extensión geográfica dominante, el continente, frente a ese otro espacio más pequeño, fragmentado, el rosario de islas. El archipiélago queda en un segundo plano. Tal situación no le es desconocida. La región se desdibuja cuando la conquista y colonización echó raíces en tierra firme y las ínsulas se convirtieron en puertos de tránsito; hoy, son un dato, el complemento en los estudios sobre los avances o retrocesos de las naciones del subcontinente.

La visión o el conocimiento que se tiene del Caribe resulta la mayor parte de las veces parcial. Desde los países latinoamericanos y España, son las Antillas Mayores: Cuba, República Dominicana, Puerto Rico; últimos territorios del otrora imperio español. La herencia cultural e idiomática se impone y destierra al olvido a las primas antillanas, francesas, inglesas u holandesas. No muy diferente es la visión de las antiguas metrópolis imperiales de Europa, cada una contemplando, desde la lejanía, las ex colonias del Nuevo Mundo. Las batallas europeas del siglo XVIII continuaron en este mar tropical imponiendo unas barreras cuyo lastre ha impedido la relación entre las islas. Vecinos indiferentes es el calificativo con el que estudiosos de la región bautizaron el distanciamiento.

El Caribe, para la gran mayoría, es una isla o islas exóticas, cuyo atractivo resumen las frases publicitarias que invitan a los habitantes de las civilizadas ciudades del hemisferio norte a deshacerse de sus ropas y sentido ciudadano para sumergirse en el placer y la “barbarie” por unos días. Para otros, letrados e intelectuales “progresistas”, es el reino de la revolución cubana, la utopía que debe preservarse, aun a costa de las opiniones y vivencias de sus propios habitantes; sobre todo, si con ello se deslastra a las islas de su condición de patio trasero del Coloso del Norte. En general, se percibe como un espacio tercermundista, donde habita gente de color, según la denominación políticamente correcta que esconde, tras el nuevo cuño, viejos prejuicios raciales. Sueños y percepciones desdibujan la realidad.

Pese a su lugar segundo en la frase, de la imagen parcial o idealizada, el Caribe es algo más que un archipiélago de islas que corona las tierras continentales de América Latina. La región es un espacio de diversidad étnica, lingüística y cultural. Las lenguas europeas conviven con otras nacidas del encuentro forzado con las lenguas africanas habladas por los esclavos. El mestizaje trasciende la dicotomía blancos y negros para sumar la impronta de chinos, indios, árabes, quienes arriban en distintas oleadas tras la abolición de la esclavitud. La migración ha sido el sello que ha caracterizado a las islas desde que el marino genovés se encontró con ellas en su viaje a las Indias. El desarraigo caracterizó el sentir de sus habitantes que añoraban el regreso a la vieja Europa, la madre África, el lejano Oriente. Tras los siglos transcurridos desde su arribo, los descendientes de amos y esclavos hicieron de ellas su nuevo hogar; no por mucho tiempo, pues las turbulencias políticas y económicas los han obligado a emigrar hacia las antiguas metrópolis europeas y las modernas ciudades globales del mundo.

El Caribe es un espacio geográfico que trasciende el mosaico de islas y se extiende desde las costas de México hasta Surinam. Un complejo entramado de culturas, lenguas y tradiciones cuya unidad se funda en lo diverso. Una mirada atenta no debe pasar por alto las particularidades que lo diferencian del continente; tampoco obviar sus semejanzas. Pero esto es tema de futuros escritos que le otorguen el lugar paritario que le corresponde junto al resto de los países latinoamericanos.

De los libros

Ahora bien, la interrogante que debe plantearse es: ¿qué se trata de definir con la categoría América latina y el Caribe? En principio, la categoría está integrada por dos grandes colectivos, que no son equivalentes entre sí, pues constituyen entidades de diferente densidad, cuya vinculación se basa en la necesidad de la parte más desarticulada –la región caribeña- de tener referencia en la totalidad continental. Sobre la base de esta formulación denominadora, El Caribe no es una región de América Latina como puede serlo la región andina, la región amazónica o la cuenca del Plata, pues si lo fuera, no habría necesidad de mencionarla separadamente, como anexo de la totalidad continental, sino que se entendería como implicada en la sola denominación América Latina. Si se menciona aparte es, precisamente, porque sus elementos configuradores, aun cuando pueden tener referencia en el continente latinoamericano, no se encuentra plenamente identificado con la totalidad continental.

Lulú Giménez (1991). Caribe y América Latina. Caracas: Monte Ávila Editores, p.26

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